Las chapas, llamadas también "platis", son los tapones que cierran
las botellas de algunas bebidas. Los chavales solían reunir varias decenas,
pidiéndolas en los bares, que empleaban para varios juegos.
Antes de empezar a jugar con una chapa era preciso prepararla. Primero
solía extraerse el trozo de corcho que recubría su interior (ahora el corcho ha
sido sustituido por el plástico) y después se decoraba con un "santo" (un
cromo o una fotografía) que se recortaba al tamaño correspondientes. El paso
siguiente era cubrirla con un trozo de cristal, al que había que dar la forma
adecuada. Esta operación era bastante delicada, pues el cristal debía adoptar
una forma circular, y se realizaba con una piedra. Finalmente se fijaba el
cristal con ayuda de jabón, miga de pan o, más modernamente, con masilla.
Cuando la chapa estaba lista se podía empezar
a jugar.
Para tirar las chapas se golpeaban con el do índice o corazón,
haciendo palanca sobre el pulgar para conseguir más fuerza y precisión.
Existían varias modalidades de jugar a las chapas, las dos más
practicadas eran "a matar", "a sacar" y las carreras.
Carreras
Se trazaba en el suelo, con tiza,
yeso, escayola o simplemente rayando con un palo, un circuito que los
jugadores debían seguir con golpes sucesivos a su chapa. El circuito solía ser
muy sinuoso, para aumentar la dificultad, y solía llenarse de obstáculos y
zonas prohibidas. Si la chapa se salía del circuito el jugador debía
retroceder al obstáculo anterior.
A veces, a imitación de las carreras
ciclistas, se colocaban metas volantes, premios de la montaña, etc. e incluso
se hacían contrarreloj.
Este juego es muy sencillo: En un grupo
de muchachos se echa a suertes y el que pierde tiene la pica (también se queda
con la pica el que llegar tarde y se incorpora una vez iniciado el juego). El
que tiene la pica tiene que intentar tocar o picar a otro del grupo, mientras
los demás intentarán burlarle y evitarlo; si lo consigue, el picado tendrá la
pica y se convertirá en perseguidor y así sucesivamente.
El juego presenta numerosas variantes,
como la "pica en alto", que se juega de la misma forma que la anterior,
sólo que no se puede picar a los que están en alto, subidos a una piedra, una
pared, etc. Se picará únicamente a los que estén en el suelo.
Bastantes años más tarde se popularizó la
versión "pica stop", consistente en que el participante que estaba en
serio peligro de ser picado decía stop y se inmovilizaba, posición en la que
debía permanecer hasta que otro compañero, de los que seguían jugando, lo tocaba
y liberaba.
Era un juego muy sencillo al que se jugaba sobre todo en otoño, cuando
todos los chavales andaban por los "praos" cuidando las vacas.
Se iban los muchachos a buscar cilindros de hierro medio metro
que normalmente solían tener uno de sus lados acabado en forma punzante y se tiraba a "hincar" (clavar el
hinque ) en el suelo. El oponente, o los oponentes, a su vez, tiraban el suyo
para intentar desclavar el primero. Cuando el último participante había arrojado
el suyo, el primero desclavaba su hinque y tiraba de nuevo intentando desclavar los otros y así
sucesivamente.
Si alguno conseguía desclavar algún hinque, el ganador lo golpeaba con
el suyo para mandarlo lo más lejos posible. A veces se producían accidentes.
Una taba es simplemente un astrágalo, es
decir un huesecillo de las patas de las ovejas, corderos y carneros, que desde
hace miles de años ha venido empleándose para jugar.
Las excavaciones arqueológicas han
proporcionado numerosos testimonios de tabas desgastadas por un uso continuo;
también en una escultura griega conservada en el Museo de Berlín puede
observarse a una mujer jugando con tabas. Y es que, según parece, hasta la
invención de los dados, fabricados de marfil u otro material, las tabas, que
también tienen seis caras y todas distintas, eran empleadas en todo tipo de
juegos, incluidos los de azar.
Hasta hace no muchos años las tabas
fueron probablemente el juego más practicado por las niñas, especialmente,
durante los largos días del otoño y el invierno.
Todas las niñas tenían su pequeña
colección de tabas que iban consiguiendo poco a poco, cada vez que en casa se
comía un cordero o una oveja. A veces había auténticas riñas entre hermanas por
conseguir el preciado huesecillo, al que, una vez extraída la carne, había que
limpiar y curar. Cuentan que antiguamente colocaban la taba cerca de un
hormiguero para que las hormigas comieran todos los restos y quedase una taba
perfecta. También sabemos que en ocasiones las tabas se teñían con anilina u
otra sustancia para mejorar su aspecto.
La taba tiene cuatro posiciones
distintas, cada una de las cuales recibe un nombre
distinto. En cada zona, a veces en cada pueblo, esas posiciones reciben nombres
diferentes; en Felechas se llamaban "huito", "culito", "correa"
y "chicha".
Aunque en otros lugares se juega con
cinco tabas y hay formas muy distintas de hacerlo, en Felechas se jugaba
habitualmente con doce tabas y una "pita" (una piedrecita que en algunos sitios
llaman "pitón" o "pitona"). Se trata de un juego exclusivamente femenino, que
solía practicarse en cualquier lugar llano, generalmente en las puertas de las
casas, a la abrigada, pero también en el interior, con las participantes de
rodillas o sentadas en el suelo.
Para comenzar se cogen las doce tabas
entre ambas manos y se lanzan. Al caer al suelo lo harán cada una de un lado y
comienza el juego. Se tira la pita al aire y antes de recogerla, sin dejar que
cayera al suelo, se cogía una taba del suelo y tambien la pita. Como eran 12
tabas, había que tomar 3 en cada una de las posiciones señaladas (3 en "huito",
3 en "culito"...) y por dicho orden; en caso de que no hubiera tres en una
determinada postura, se realizaba un lanzamiento para darla la vuelta,
cogiéndola en el siguiente.
Cuando la pita caía al suelo se perdía el
turno y jugaba la siguiente. También se perdía el turno cuando no se recogía
ninguna taba o ésta no era de la posición correspondiente.
Ganaba aquella participante que lograba
recoger las 12 tabas, lo cual era basta dificultoso.
Se practicaba también, a veces, un juego
prácticamente idéntico a las tabas, pero empleando piedras, que denominaban
"PITAS".
El que empezaba se agachaba, doblándose por la cintura, apoyando los codos
sobre rodillas o muslos, y el siguiente saltaba sobre él para, después colocarse
en idéntica posición un metro y medio, aproximadamente, más allá; el siguiente
saltaba a los dos que estaban agachados y se situaba como ello; ahora el
siguiente saltaría a tres y así sucesivamente. Cuando todos hubieran saltado y
se encontraran agachados, el primero que saltó iniciaría de nuevo el proceso.
Se echaba a suertes y al que le tocaba poner se doblaba por la
cintura, apoyando los codos sobre los muslos o rodillas. El resto de los
jugadores saltaban sobre él apoyando las manos en su espalda. A la vez que
saltaban iban repitiendo la siguiente retahíla:
A la una anda la mula
A las dos el reloj
A las tres Pepito, Manolito y Andrés
A las cuatro un buen salto
A las cinco un buen brinco
A las seis merendé
A las siete pan y leche
A las ocho un bizcocho
A las nueve empina la bota y bebe
A las diez otra vez
A las once llama el conde
A las doce le responde
A las trece ya amanece
A las catorce ya es de día y empieza otra vez la vuelta sin parar
todo el día.
Niños jugando. Zeanuri. 1920
Si alguno no podía saltar, se caía al hacerlo o confundía las palabras
a pronunciar, le tocaba poner.
El castro era uno de los juegos más practicados por las niñas en todos
los lugares.
Para jugar se dibujaba en el suelo una especie de cuadrícula con
varios compartimentos rectangulares, por los habrá que ir pasando siguiendo un
orden. Para ello era necesario un simple trozo de teja plano, una piedra
aplanada o incluso una caja metálica rellena de tierra o piedras, que se
arrojaba y golpeaba con el pie. La mayor parte del juego se realizaba a la pata
coja, golpeando la teja con el pie de apoyo. Se perdía cuando se pisaba raya o
la teja quedaba sobre la raya.
Una de las variantes era el "piso", que consistía en, una vez
hecho el recorrido con la teja, se miraba hacia el cielo con los ojos cerrados y
se avanzaba por los cuadros preguntando en cada uno "¿piso?", a lo que
las demás respondían "¡no!"; un nuevo paso y la misma pregunta, hasta
completar el castro, lo cual suponía haber ganado. Si por el contrario la
respuesta era sí, se perdía y pasaba el turno a la siguiente.
Se trata de un
juego que se practica con canicas, bolas de arcilla, piedra, vidrio o
metal de pequeño tamaño. El número de jugadores no es fijo, como mínimo se
precisan dos, pero pueden jugar muchos más, aunque lo normal es entre 3 y 5.
Para empezar debía contarse con un gua,
un pequeño hoyo de forma semiesférica, practicado en el suelo, con una
profundidad de 3-5 cm. (normalmente estaban hechos de otros días, si no se hacía
en un momento). A una distancia de unos 3-4 metros se trazaba una raya.
Al comenzar el juego los participantes
lanzaban su canica desde el gua a la raya para determinar el orden de
participación. Comenzaba el que más cerca había quedado de la raya, que además
ponía las condiciones.
Desde ese momento los jugadores lanzaban
sus bolas intentando introducirlas en el gua. A medida que lo iban consiguiendo
tiraban a dar a las canicas de los demás. Entre la bola que tiraba y la que
golpeaba debían quedar siempre unas distancias determinadas: dedo,
cuarta, pie, bola y carambola o quiriscola (tres
pies), tras lo cual debía meter gua de nuevo. Se eliminaba así al rival, que
debía pagar una canica. El juego seguía hasta que quedaba un único jugador.
El juego sufría continuas alteraciones y
riñas. Unos se acusaban a otros de "meter manga" (alargar la mano al
tirar más allá de la cuarta reglamentaria), se discutía de si cabía el die o el
dedo, de si alguien había movido la bola...
El juego admitía diversas variantes, así
podía jugarse "a matar", en cuyo caso no era preciso meter gua y dar
dedo, cuarta..., bastaba con golpear la bola del rival.
Otra variante practicada en ocasiones era
jugar "a sacar". Se trazaba un rectángulo o cículo donde cada
participante depositaba una bola; tras determinar el orden, tirando a raya, como
en el caso anterior, se lanzaba contra las bolas depositadas, ganándose las que
se conseguían sacar de la zona.
Los chavales solían tener bastantes
canicas, bien porque las compraban, las ganaban o las conseguían de diversas
formas, así abundaban las de hierro, que se sacaban de cojinetes viejos
obtenidos por los más complicados métodos. Todos solían tener una bola favorita
que utilizaban para jugar, pero si perdían nunca entregaban ésa, sino otra
cualquiera. Las canicas se empleaban también como moneda de pago en otros
juegos, como en la peonza.
Se forman dos bandos y habrá un muchacho que actuará de juez. Éste,
apoyando su espalda contra una pared, abrirá las piernas. El primer jugador del
bando que pone se agachará y colocará la cabeza entre las piernas del que hace
de juez, agarrándose sólidamente a ellas y dejando, a su vez, las piernas
abiertas para que el siguiente compañero ponga la cabeza entre ellas y se agarre
a él, y así sucesivamente todo el equipo.
El otro equipo irá saltando de uno en uno sobre la espalda de los que
ponen, procurando guardar el equilibrio, pues si uno se cae, pierden y ponen.
Cuando todo el bando ha saltado ya sobre los que ponen, el primero de los
montados dice "chorro, morro, picatorro, cucurra, ¿qué será?, tijera, pala o
barreno", y con los dedos de la mano imita uno de estos tres instrumentos,
que enseña al juez pero procurando que los que ponen no puedan verlo. Estos
deben contestar con el nombre del instrumento que creen ha puesto, por ejemplo
"¡tijera! Si aciertan han ganado y se cambian las tornas, pero si fallan
volverán de nuevo a saltar los mismos.
En nuestro pueblo era
parecido pero con otros nombres, auque seguro que todos os hacéis una idea de
este juego.
Es un juego muy simple: uno ponía y contaba hasta cincuenta, mientras
los demás se escondían. Finalizada la cuenta, el que ponía buscaba a los demás;
si descubría a alguno corría al lugar en el que había contado y decía “Una, dos
y tres por fulano (nombre del localizado)”. Si, por el contrario, alguno
conseguía burlarle, se acercaba a dicho sitio y decía “Una, dos y tres por mí”,
con lo cual quedaba libre.
Si el que ponía conseguía dar a todos, cedía su lugar al primero que
había descubierto.
Para echar a suertes quien ponía, se situaban todos los participantes
en corro y uno de ellos recitaba una serie de frases, mientras que apuntaba a
cada jugador. En el caso del escondite solía utilizarse ésta:
Esconde berite, beritón cien gallinas y un capón. El capón estaba muerto, las gallinas en el huerto. Tú por tú, que salgas tú.
Y el señalado quedaba libre de poner, prosiguiendo la rifa hasta que
quedaba uno solo.
De esta cancioncilla para rifar procede el nombre de “escondeberite”
por el cual es muy conocido el juego en Felechas.
Otro muy empleado era:
Por las puertas de Mambrú, botón, botonera, tabique y afuera
Era este el juego más practicado por las niñas de todas las edades.
El procedimiento es muy simple: Se sorteaba, por cualquiera de los
procedimientos existentes, y las dos que perdían se situaban en los extremos de
una cuerda y daban. La cuerda trazaba una elipse que tocaba el suelo ligeramente
en un movimiento rítmico, y mientras una o más niñas entraban y saltaban
evitando que la cuerda las golpeara.
Mientras saltaban cantaban canciones como esta:
Soy la reina de los mares de los mares vengo a ser. Tiro el pañuelito al suelo y lo vuelvo a recoger. Pañuelito, pañuelito ¡Quién te pudiera tener guardadito en el bolsillo en un sobre de papel!
Que una, que dos, que tres que salga la niña que va a perder.
O esta otra
Al pasar la barca me dijo el barquero las niñas bonitas no pagan dinero. La volvía a pasar me volvió a decirlas niñas bonitas no pagan aquí. Yo no soy bonita ni lo quiero ser, yo pago dinero como otra mujer.
La peonza, trompo, peón o piuca es es un
juguete de madera, de forma cónica y terminado en una punta metálica, llamada
rejo; sobre ella se enrolla una cuerda para lanzarlo y hacerlo bailar.
Las peonzas antiguas eran fabricadas por
los propios niños, con o sin ayuda de adultos, con madera de haya o encina, que
tallaban toscamente, colocándolas finalmente un clavo de hierro sin cabeza como
punta.
Para evitar que la cuerda se escapase de
la mano a la hora de lanzar, solía anudarse en el extremo un trozo de palo, una
arandela o, lo que era más corriente, una moneda de dos reales, aprovechando su
agujero para hacer el nudo.
Las formas de jugar eran muy diversas.
Básicamente se trataba siempre de arrojar la peonza mediante la cuerda y hacerla
bailar. A partir de ahí había numerosas variantes:
Coger el trompo con la
mano
Los jugadores arrojaban simultáneamente
sus peonzas e inmediatamente los cogían con la mano, sin que dejara de
bailar. Era toda una técnica conseguir el trompo subiera a la mano entre los
dedos índice y corazón. Ganaba aquel jugador cuyo trompo permanecía más
tiempo girando.
Sacar objetos
(cajas de cerillas, "perras", canicas, peonzas, piedras, cromos...)
previamente colocados en un círculo o cuadrado trazado en el suelo.
Se marcaba un redondel de unos dos metros
de diámetro en cuyo interior cada jugador colocaba el objeto que se apostaba
(por ejemplo una canica, una caja de cerillas, incluso una moneda). El
primer jugador tiraba su trompo y lo cogía con la mano mientras bailaba.
Después, con mucho cuidado y precisión lo tiraba sobre los objetos colocados
en el círculo intentando sacarlos de él, pues ganaba todos los que podía
sacar. Mientras la peonza bailaba el jugador podía tirar de nuevo. Cuando se
paraba pasa el turno al siguiente jugador y así sucesivamente hasta que ya
no quedaba nada en el círculo.
Rompetrompos:
Arrojar la peonza violentamente sobre la de otros intentando detener su baile.
Una de las maneras de jugar consistía en
marcar un círculo en el suelo y, por turno, arrojar el trompo para que
bailase dentro. Mientras bailaba, el jugador intentaba sacarlo con ayuda de
la cuerda. Si lo conseguía no pasaba nada, pero en caso contrario todos los
demás arrojaban sus peonzas contra él hasta que, por efecto de alguno de los
porrazos que recibía, salía del círculo. Quedaba entonces libre y empezaba
de nuevo el juego tirando el siguiente jugador.
Se trata de un juego parecido a la quema, pero en el que se establecen algunas
variaciones para hacerlo más entretenido.
En Asturias lo llaman “BRILÉ”.
Se establece un terreno de juego rectangular, con una línea central.
Cada equipo ocupa una mitad del terreno de juego y designa un jugador/a que
ocupa el extremo contrario (casa a partir de ahora) se estable una estructura en
la cada equipo tiene jugadores / as contrarios en dos direcciones.
El juego consiste en intentar golpear con la pelota a los/las jugadores / as
contrarios y que luego ésta golpee el suelo, conseguido esto, el jugador/a es
enviado a casa, eso sí, con la pelota y la posibilidad de tirar para salvarse.
¿Cómo? Golpeando a un contrario.
Los lances del juego son los siguientes:
Los/las jugadores / as que comienzan en los extremos son jugadores / as libres
que se incorporan al juego en cuanto haya un/a eliminado/a.
Los/las jugadores / as eliminados / as pueden salvarse si eliminan a un
contrario, pero sólo pueden abandonar la casa si quedan más jugadores.
Todos / as los jugadores / as pueden optar por tirar contra los contrarios o
pasársela a los propios que están al otro lado.
Cuando la pelota sale del terreno de juego la recupera el que la coge.
Si un/a jugador/a coge la pelota en un tiro directo (sin bote) o indirecto (con
bote) no se elimina y puede tirar contra los/las otros/as
Los jugadores / as eligen por cualquier método quién se la queda.
El juego consiste en llegar el primero al lugar donde está el/las que se la
queda sin que éste/a te vea moverte.
Para ello se colocan todos / as en una línea y el/la que se le la queda se apoya
en un sitio y recita:
“Un, dos, tres, al escondite inglés” o “Un, dos, tres, palomita blanca es”
mientras recita esto, no puede mirar y los otros / as pueden aprovechar para
moverse. Terminado de recitar da rápidamente la vuelta y si vio moverse a
alguien dice su nombre y tiene que retroceder hasta el principio.
Gana el primero/a que llega, y es el que se la queda en la siguiente partida.
Juego muy típico y muy normal
entre los mas jóvenes, consiste en hacer dos o tres bandos y lanzarse
indiscriminadamente pedradas unos a otros, no existían otras reglas, perdía el
que se iba a casa llorando.
Este juego se
practicaba normalmente en las noches calurosas de verano, se puede decir que
normalmente se realizaba por el barrio "Cantarranas", la edad de los
participantes era variada, pero se solían reunir por "pandillas". El juego
consiste en que uno " se la pica" y tiene que ir a buscar a los demás
participantes que previamente se han escondido por el barrio, el que se la pica
debe ir a buscarlo y cuando encuentra a alguno dice eso de.... "liebre por....
Laurita" por ejemplo, y la señorita Laurita debe agarrarse a la mano del "picao"
y seguir la búsqueda los dos... el juego transcurre de esta manera, cada vez que
se encuentra a alguno, este debe unirse a la cadena. También decir que si un
participante se acercaba a la cadena sin ser descubierto por "La madre" que así
se llamaba "el picao" (me he acordado ahora, que passsa), este podía decir eso
de "LIBRE" y se joia toda la cadena dejando libres a todos los participantes y
teniendo la madre que empezar a buscar a todos de nuevo.
El material que
se utiliza es un bote o lata de refrescos. Para jugar al bote hay que trazar un círculo grande en el suelo. En el
centro se pone el "bote" que será una lata o algo similar. El que la liga se
coloca dentro del circulo; los demás alrededor. Uno cualquiera pega un patadón
lo más fuerte que puede y todos corren a esconderse, mientras el que le toca va
por la lata y la vuelve a poner en el círculo. Una vez hecho empieza a buscar a
los demás. Si ve a alguno los dos corren a ver quien llega primero al bote. Si
primero llega el que la liga, dice el nombre del que ha visto, si es el otro
debe darle una patada, y el que la liga debe colocar el bote en el circulo y
comenzar a contar. Así hasta que pille a todos.
Este es muy
simple , consistía en poner a los participantes de un equipo contra la pared del
ayuntamiento, el otro equipo se dedicaba a pegarles balonazos hasta que el
miembro del equipo de la pared atrapara el balón con las manos. Peligroso juego.
Otros juegos
como.... Béisbol, al cual jugábamos en "la era de la Nuria", no se describen ya
que son fáciles de entender.
Próximamente se
incluirán mas juegos de este tipo, porque seguro que alguno se nos ha olvidado.
No dudéis en
mandar sugerencias o fotos de estos juegos